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Carlos Vargas abre su espacio íntimo para nosotros.
Entramos en su taller y podemos saborear lo cotidiano de su trabajo.
Transitamos por el acontecer de cada día, a través de los objetos y ecos de su taller.
Su obra se alimenta de las cosas cotidianas: la madera que el tiempo marcó,
las puertas, las herramientas y la fibra con la que trabaja.
También nos encontramos con su taller exterior; vemos las estructuras de madera y piedra.
Sus máscaras, de su trabajo con los indígenas de Puente de Buenos Aires de Osa,
que nos hacen retroceder en el tiempo, a lo primitivo, a lo común en todos los seres
humanos, no importa su origen, nacionalidad o tiempo.
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